| Al
instante empezó la sensación de movimiento. El cuerpo de
Robin se desplazó hacia un lado y acto seguido hacia el otro, a
Robin le agradaba hacer el recorrido en círculos zigzagueantes.
Uno de los ejes de giro lo puso sobre la torre de control del parque, precisamente
sobre la antena de comunicaciones. Luego hizo coincidirlo con la aguja
del reloj antiguo que se erguía en medio de la plaza central. Los
círculos cambiaron de plano segundo a segundo provocando un efecto
curioso; tánto, que Robin no advirtió que en cierto momento
el círculo sobre el que rodaba era perpendicular al suelo.
La pantalla
oscureció. A continuación apareció un mensaje de letras
rutilantes: "Choque. Coloque los centros y los planos de las circumferencias
en lugares adequados, por favor".
Robin sabía
que otra imprudencia liquidaría su partida, así que optó
por eludir obstáculos levantándose hasta el punto más
alto del parque: el enorme foco que lo iluminaba. Durante unos minutos
se dejó mecer sobre el mismo plano, lo que le dio tiempo a contemplar
el panorama. Después de la torre de control, la construcción
más alta era el Centro de Mantenimiento, donde cuidadores de especialidades
distintas a la de Robin atendían el tumulto de atracciones. Por
las ventanas abiertas de un edificio metálico se veía trabajar
a los diseñadores de juegos. Más de una vez habían
encuestado a Robin sobre sus preferencias, pero él eludía
las respuestas.
Desde su
asiento en rotación Robin vio los carteles de "Casa en desorden",
"Combate contra el azar" y "Ladrón de coches", juegos a los que
nunca había prestado atención.
Puso después
el centro de giro sobre una enorme salchicha pero le vino un olor que le
desagradó. Vaya, se dijo, estos juegos son cada vez más perfectos.
Desplazó con brusquedad la trayectoria y fue a parar a una pista
de aterrizaje. El olor a fritura de alga desapareció, pero Robin
tuvo poco tiempo para rodar sobre aquella pista. La pantalla avisó:
"su partida termina, si deposita otra moneda sabré divertirle de
nuevo". |
|
GORT
|