*El mundo invisible* René Magritte
 
8

¿Para qué tendré los brazos si sólo sirven para remover ese lodo perfumado que me envuelve? ¿para qué servirá la boca, para qué servirá una boca que no puede abrirse? Mis pulmones están quietos, ¿cómo gritaré?

Todo está muy oscuro aquí. Mi único entretenimiento consiste en oír el bombeo del corazón. De haber sido marsupial, ahora tendría el cuerpo cómodamente instalado en un palco luminoso y aireado. Pertenezco a la especie que más tarda en gestarse; supongo que será necesario que las extremidades acumulen poder, para que los órganos sean del todo precisos, para que sentidos y conciencia queden perfectamente a punto, dicen que esto nos distingue.

Qué habrá ahí afuera. Oigo voces que dicen: espera, ya se acerca, verás al águila volar, sabrás de palacios cuya luz acaba por herirte; la muerte, tu perseguidora, será el hálito de tu valor; torcer el rumbo de la nada no va a servirte, recíbela con la liturgia que merece, contempla la magia de los sueños que nunca se hacen realidad y ahuyenta lo tosco con ellos; ahí fuera te abrasarás las manos por un abrazo, por un recuerdo.

Todo está a punto de empezar, debo estar alerta, no vaya a ser que con mi distraimiento pierda la oportunidad de salir al exterior, de saber de dónde viene la voz que me habla.

Atención a ese momento: tengo entendido que alguien me abofeteará con fuerza.

Lloraré con todas mis fuerzas ese gran comienzo, tal como se llora todo final.

Recuerdos
 
7