*La habitación del moribundo* Edvard Munch
 
9

Por la puerta de la casa entra y sale gente entristecida, al saludarme lo hacen con ojos compasivos. ¡Qué contento está, pobrecillo!, exclaman.

Murmuran cosas que no entiendo. Parecen nerviosos, están poco tiempo sobre sus asientos, enseguida se levantan y pasean por la habitación. Algunos, al encontrarse, intentan sonreír, mas no parecen ponerse de acuerdo. Anda, no juegues pequeño, me dice una voz conocida. Estate quieto, puedes molestar, insiste.

Padre yace sobre la cama; alguien me ha conducido junto a ella. Se me ocurre que podría jugar con los instrumentos que le envuelven; será divertido ser médico, escuchar el corazón y dibujar latidos sobre esa pantalla.

Le digo: -Sí, padre, me gusta tu mano caliente, me gusta que acaricies mi cabello. Me agrada que sonrías, ya sabes cuánto deseo que vengas a jugar conmigo. Hála, levántate, qué haces aquí cubierto de rarezas... está bien, está bien, ya sé que no puedes levantarte por ti mismo, pero ahora verás cómo yo te ayudo a hacerlo. Mi mano es pequeña pero... agárrala bien, nota cuánta fuerza tiene.

Alguien me advierte que padre no puede moverse, que no hay que agitar a un enfermo. Entonces noto un estremecimiento en su cara y en su mano.

- Me muero como tú, me muero como un niño, dice.

¿Morir? -le respondo- no entiendo, padre... nadie ni nada muere, tú sabes que las flores que cogemos del jardín reaparecen al poco tiempo, tú sabes que el sol renace cada día...

Recuerdos
 
8