| Recuerdo
el entusiasmo con el que describía algunos pedazos de
la historia. Frente a sus descripciones, cualquiera diría que
más que reflexión era memoria; uno no podía por
menos que pedir una plaza en este transporte en el tiempo. Sus ejemplos
favoritos eran numerosos. Por encima de cualquier contexto o
ideología, Pesach amaba todo encuentro con la
contradicción, todo momento supremo en la que debilidad del
hombre se enfrenta a su poder. Esta era la clave del arrebatado cortejo
histórico de Pesach: navegantes y pensadores griegos, artistas
italianos, románticos, exploradores, revolucionarios,
científicos, viajeros del espacio, etc. Fueron esos viajeros del espacio los que inspiraron la dedicación profesional de Pesach. De la contemplación extasiada de la noche, a la que a menudo me arrastró, extrajo un sentido vital que asociar a su actividad científica. No le costó mucho esfuerzo que lo aceptaran en un programa internacional de detección de vida extraterrena, habida cuenta de sus grandes capacidades como científico. Aquel ambicioso programa, que aunaba las mejores mentes junto a la más avanzada tecnología de naves viajeras, polarizó las ilusiones de Pesach durante un largo tiempo. Tal era la intensidad con la que Pesach ejercía su actividad que bien poco importaba que su trabajo se desarrollara sobre el planeta: oírle hablar de los avances del proyecto era volar en medio de los espacios siderales. El proyecto en cuestión tenía como objetivo algún intercambio comunicativo con alguna forma de vida exterior en base a la exploración de las galaxias con una sistemática fundamentada en un modelo probabilístico. Gracias a numerosos viajes espaciales, se había llegado a aproximar con notable precisión la mayoría de las variables de este modelo, como el ritmo de generación estelar, la fracción de estrellas con sistemas planetarios, el promedio de planetas ecológicamente adecuados para la existencia de vida, etc. A su vez, las nuevas teorías del nacimiento de la vida y del hombre permitieron aproximar también otros parámetros, como la fracción de aquellos planetas con vida inteligente capaz de desarrollar alguna forma de comunicación, e incluso la duración media de estas civilizaciones. El trabajo de los investigadores se rodeaba de una atmósfera muy confiada: la trascendental noticia parecía inminente. |
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